DE PUNTILLAS (Historia de una musa)

fb_img_1488281905076Ella no era perfecta.

No bastaba con amarla.

Había que arriesgarse a cruzar sus debilidades

—todas desordenadas—,

entre ellas:

esa mirada perdida que la hacía diferente.

Yo conozco su historia. Conozco todos y cada uno de los disfraces con los que representaba la imagen que quería reflejar de sí misma. Con ellos quitaba el miedo a los minutos, y aprovechaba las horas sin infierno para instalarse. Sin embargo, nunca logró destacar en ninguno de sus sueños.

Hace cientos de años que se quedaron helados sus huesos esperando aquél maldito tren que no la llevaría a ninguna parte.

No era perfecta, y éso, para quienes tenían la absurda idea de justificar el mundo junto a ella, la hacía diferente.

A sus veinte años, las prisas eran un tópico olvidado en alguna nada.

Creo que tenía motivos suficientes para convertirse en el placebo de aquellos necios de juventud olvidada, y profundamente abatidos por el descubrimiento de sus reducidos límites. Para ésos olvidados, no bastaba con amarla.

Si me ciño al retrato que tenían de la fascinación por ella, en el fondo, me dan lástima. Definirlos como: poderosos, oportunistas, mediocres…, con esa falta de carisma que algunos llamarían: romanticismo, sería trágicamente conmovedor.

Nadie comprendió que en la aureola de aquella mirada perdida se ocultaba el erotismo de un paisaje en el que muchos llegarían a perderse buscando el fantasma de la eterna juventud. Probablemente, ninguno salió ileso de ella.

En algún momento, creo que la amaron. Quizás durante una noche, de ésas que duran dos o tres días, y que viene acompañada de ciudades resucitadas y olor a sexo.

Quizás por cualquier poeta inquieto, que sin la menor contemplación, necesitaba convertirla en libro. Sustituir a esas mugrientas musas que colgaban de su pluma, y, que, aisladas, y sin apenas suspiros, ya habían pasado de moda.

Se convirtió en la nostalgia de muchos y en la razón de algunas.

Ella asumía pertenecer al mundo. Suspendida en la inmensidad de algunas de sus formas, personificaba sus debilidades, y su difusa perfección.

Delante del espejo, había días en los que encontraba sus propias respuestas. Eso es lo primero que me dijo cuando comencé mi obra, y, justo en aquél momento, comprendí que siempre se marcharía del lienzo antes de que el pintor dibujase su rostro. Nadie conseguiría jamás trazar sus formas delicadas para poder hacerla menos impenetrable.

Lo reconozco, deslizándome entre mis miedos, salí de puntillas cuando terminó de narrarme su historia. Aquél personaje subyugaba. Diríase que tenía algo poético en grandes dosis, incluso me atrevería a decir: que brillaba de ese modo en el que brillan los poetas cuando desnudan su niñez debajo de un almendro en flor.

Dulce, muy dulce, irresistiblemente plácida e inofensiva, poseedora de algún secreto que convertía las calles solitarias en santuarios de inspirada serenidad con ese modesto aspecto literario.

De puntillas, me fui de puntillas, con mis folios debajo del brazo…

Y aunque he de reconocer que la vida continúa en cada poema, siempre tendré presente que alguien como ella llenará todos los versos.

Marisa Rivero🌬

NOTICIAS (HISTORIAS CONFUSAS)

La necesidad de obsesionarse con aquellos que, supuestamente, prescinden de la obligación de informar fortaleciendo con ello en sus artículos el “preparado protocolario” para poder enmascarar algunas historias confusas, me lleva a prever que el problema se encuentre en la poca empatía de algunos de sus confidentes, que avergonzados por haberse convertido en: “mantenidos de…”, y relegados a perder el prestigio ante la inminente cadena de acontecimientos que, impensablemente, ya ha comenzado a desarrollarse detrás de aquellos repetidos bostezos de conciencia que unos cuantos mantienen, a su pesar, en un segundo plano, y que inspirarán a otros a tomar ventaja ante la pronta exhibición de pintorescas miserias de un realismo social, hoy se ven abocados al fracaso.

Se acerca lo que podríamos llamar: pacto de favores amurallados.

Me inclino a pensar que la demanda superará a la oferta en la mayoría de los considerados excelentes colaboradores de representativas y ambiciosas carreras, destinadas al coleccionismo de prestigiosos premios, otorgados, preferiblemente, por “autorizados patriotas” que ni han perdido, ni perderán el beneficio de…

Tanta incontinencia a cambio de enormes desilusiones.

¿Para qué?

¿Para buscar con el tiempo la ocasión perfecta para pedir disculpas por la falta de curiosidad?

¡Que disparate nos espera en este nuevo decorado!

Continúo caminando obsesionada con…

Marisa Rivero🌬

UN DOMINGO CUALQUIERA

Pese a las inclemencias del tiempo y a la ambigua monotonía de un domingo cualquiera, siempre me coge desprevenida el original método, a veces kafkiano, que utilizan algunos “ilustres” personajes para anunciar nuevas revelaciones que en un pasado cargaron -con exquisito acceso de conveniencia- la espalda de esos desarrolladores de curiosidades.

Aparentemente, descubren años después sus morbosas vidas, escondidas detrás de un irreprochable culto a sus personalidades, demostrando así, que aquéllas entrevistas donde declaraban predilección por cierto tipo de burguesía populista, sólo eran debilidades que ellos mismos se encargaban de hacernos llegar.

Algunos dirían que no valió la pena esa clase de cultura, mientras que otros se encargarían de escribir las críticas favorables a semejantes actuaciones. Honestamente, leer esos artículos supone, peligrosamente, tragar saliva y pensar:

¡Si no lo digo, reviento!

No suelo llegar nunca tan lejos.

Los tabúes que existían en aquellos momentos, donde la libertad de expresión era una trampa de extrema complejidad, exigía críticas de veladas y poco comprometidas miradas, por lo que se deducía: que entre “amiguetes”, todo iría mejor.

La frivolidad quedaba en el escenario, y la honestidad en un folio dentro de una máquina de escribir. Esto no evita hoy en día un mínimo de elegancia cuando las verdades pueden herir a terceros por el simple hecho de informar, lo que a su vez me lleva a la conclusión de que a éste “amigo” seguramente le importe tres puñetas el problema.

Si me apuráis, reconozco que no me molesta para nada plasmar ese momento incómodo de lucidez en el que una escritora tiene que contar una historia que, en cualquier caso, demostraría todo lo contrario a la inspiración romántica que algunos medios de comunicación le han dado, podría llamarla: “Complicidad al descubierto en juegos de barrios”, pero, entre nosotros, voy a dejar que esa enfermedad contagiosa, ambientada, teóricamente, en un drama shakespiriano, beneficie y aproveche al desfile de personajes dispuestos a perder su honorabilidad por un puñado de euros, aunque no sepa que es peor: si perder esa honorabilidad desconocida por muchos, o el puñado de euros conocido por todos…

Es difícil convencer a varias generaciones, al menos, eso creo y espero.

Sigo caminando en este domingo cualquiera…

Marisa Rivero🌬